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Twenty-Five Twenty-One: una historia sobre el tiempo, la memoria y las personas que fuimos
Una serie que me ha sorprendido mucho.
A mis 59 años, Twenty-Five Twenty-One me ha interesado mucho más allá de su historia de amor. Me ha hecho pensar sobre el paso del tiempo, la memoria y cómo reinterpretamos nuestro pasado desde quienes somos en el presente.
Me ha gustado especialmente cómo muestra que crecer también significa convertirse en otra persona y aceptar que algunas relaciones importantes pueden formar parte de nuestra vida sin necesariamente acompañarnos para siempre.
La interpretación de Kim Tae-ri me parece magnífica, pero Nam Joo-hyuk me ha impresionado especialmente. No puedo quitarme de la cabeza los ojos de Nam Joo-hyuk en algunas escenas. Hay en ellos una tristeza y una vulnerabilidad que me han resultado difíciles de soportar. Especialmente cuando Hee-do pone en duda sus sentimientos. En ese dolor he reconocido algo muy antiguo: el dolor de querer ser visto y no sentirse reconocido por la persona de quien más necesitamos ese reconocimiento.
Durante los últimos años he tenido que revisar profundamente mi propia historia y volver a mirar mi infancia desde una perspectiva adulta. He aprendido que la memoria no es solamente recordar: también es reinterpretar. Podemos descubrir que aquello que creíamos normal no lo era, que aquello que pensábamos que era culpa nuestra no nos correspondía y que la persona que fuimos hizo lo que pudo para sobrevivir.
Una historia sobre la juventud, sí, pero también sobre la pérdida, la identidad y la distancia entre quienes fuimos y quienes llegamos a ser.
A mis 59 años, Twenty-Five Twenty-One me ha interesado mucho más allá de su historia de amor. Me ha hecho pensar sobre el paso del tiempo, la memoria y cómo reinterpretamos nuestro pasado desde quienes somos en el presente.
Me ha gustado especialmente cómo muestra que crecer también significa convertirse en otra persona y aceptar que algunas relaciones importantes pueden formar parte de nuestra vida sin necesariamente acompañarnos para siempre.
La interpretación de Kim Tae-ri me parece magnífica, pero Nam Joo-hyuk me ha impresionado especialmente. No puedo quitarme de la cabeza los ojos de Nam Joo-hyuk en algunas escenas. Hay en ellos una tristeza y una vulnerabilidad que me han resultado difíciles de soportar. Especialmente cuando Hee-do pone en duda sus sentimientos. En ese dolor he reconocido algo muy antiguo: el dolor de querer ser visto y no sentirse reconocido por la persona de quien más necesitamos ese reconocimiento.
Durante los últimos años he tenido que revisar profundamente mi propia historia y volver a mirar mi infancia desde una perspectiva adulta. He aprendido que la memoria no es solamente recordar: también es reinterpretar. Podemos descubrir que aquello que creíamos normal no lo era, que aquello que pensábamos que era culpa nuestra no nos correspondía y que la persona que fuimos hizo lo que pudo para sobrevivir.
Una historia sobre la juventud, sí, pero también sobre la pérdida, la identidad y la distancia entre quienes fuimos y quienes llegamos a ser.
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