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A Dog and a Plane thai drama review
Completed
A Dog and a Plane
0 people found this review helpful
by Itkdev
2 days ago
10 of 10 episodes seen
Completed
Overall 9.5
Story 4.0
Acting/Cast 9.5
Music 6.0
Rewatch Value 2.0

Una serie mala sostenida heroicamente por Tay y New


Voy a empezar por lo evidente: le doy un 9,5. Ahora bien, antes de que nadie piense que A Dog and a Plane es una obra maestra incomprendida de la televisión tailandesa, conviene aclarar una cosa: la serie no merece un 9,5. Tay y New merecen un 9,5. La serie tiene la inmensa suerte de que ellos están dentro y, como consecuencia, yo me lo he pasado estupendamente durante buena parte de sus diez episodios. Con otros actores, probablemente habría acabado preguntándome qué pecado cometí en una vida anterior para estar viendo aquello.

Porque el guion es malo. No desastroso de una manera fascinante, no tan malo como para convertirse en espectáculo por sí mismo, sino malo de esa forma mucho más peligrosa en la que una historia tiene ideas simpáticas, personajes que podrían funcionar y situaciones con potencial, pero no parece saber muy bien qué hacer con ellos durante demasiado tiempo. Hay subtramas que aparecen, ocupan espacio y se marchan sin haber dejado demasiada huella; conflictos que podrían resolverse con bastante menos rodeo; momentos en los que parece que la serie se ha olvidado de cuál era su motor inicial y decide ponerse a buscar otro por los cajones; y una segunda mitad que, por momentos, adquiere esa maravillosa energía de «bueno, todavía tenemos episodios que llenar, algo habrá que hacer».

Y, sin embargo, funciona. Maldita sea, funciona.

Funciona porque Tay Tawan y New Thitipoom tienen una química que no se puede fabricar en una sala de guionistas. Llevan tantos años trabajando juntos que ya no necesitan que el libreto les construya una relación desde cero: se miran, se interrumpen, se chinchan, se enfadan, se acercan o simplemente comparten plano y existe entre ellos una familiaridad que hace creíble casi cualquier cosa que les pongan delante. Donde el guion escribe una escena mediocre, ellos encuentran un gesto; donde el diálogo no tiene demasiada gracia, consiguen darle ritmo; donde una situación debería quedarse muerta en pantalla, aparece esa complicidad suya y, de repente, estoy sonriendo como una idiota.

Y eso es particularmente evidente con Toto y Kanit, porque sobre el papel tampoco son los personajes más complejos jamás escritos. Kanit puede ser insoportable, exagerado, caprichoso y maravillosamente dramático; Toto tiene ese punto de hombre más pragmático que intenta mantener cierta cordura mientras alrededor todo empieza a arder. La serie juega mucho con ese contraste y, cuando se limita a dejarlos interactuar, suele ser cuando mejor funciona. No necesitaba grandes giros ni conflictos especialmente ingeniosos: me bastaba con verlos juntos, porque Tay y New convierten hasta una conversación absurda en algo entretenido.

Tampoco voy a negar que parte de mi cariño hacia la serie procede precisamente de que no se toma demasiado en serio. A Dog and a Plane sabe que está jugando con situaciones ridículas, personajes un poco pasados de rosca y una lógica narrativa que, en ocasiones, merece que no hagamos demasiadas preguntas. Cuando abraza esa estupidez con alegría, me lo paso fenomenal. El problema llega cuando pretende que determinadas tramas nos importen más de lo que el propio guion se ha molestado en construirlas, porque ahí empiezan a notarse muchísimo las costuras.

La segunda mitad, además, pierde parte de la energía de los primeros episodios. Una vez agotado el impulso inicial, la serie entra en terrenos bastante menos interesantes y empieza a depender todavía más de sus actores para mantener la atención. Hay momentos en los que me daba la impresión de que Tay y New estaban cargando la serie a hombros mientras el guion iba detrás preguntando si quedaba mucho. Y ellos, los muy desgraciados, consiguen cargarla. No siempre con elegancia, porque tampoco son magos, pero sí lo suficiente para que yo siguiera disfrutando.

De hecho, ese es probablemente el mejor resumen que puedo hacer de A Dog and a Plane: si eliminas a Tay y New, no sé qué queda. Seguramente una comedia BL irregular, con un guion bastante mediocre, algunos personajes simpáticos y suficientes altibajos como para que diez episodios puedan hacerse sorprendentemente largos. Pero Tay y New están ahí, y su presencia cambia por completo la experiencia. La serie no solo depende de su química: vive de ella, come de ella y probablemente paga el alquiler gracias a ella.

¿Es buena? No especialmente.

¿Me he divertido? Muchísimo durante la mayor parte.

¿La volvería a ver con otros protagonistas? Ni aunque me pagaran.

¿Le doy un 9,5? Por supuesto.

Hay notas que pretenden medir la calidad de una obra y hay notas que miden cuánto has disfrutado viéndola. Esta pertenece descaradamente a la segunda categoría. A Dog and a Plane puede dar gracias todos los días de su existencia por haber conseguido a Tay y New, porque ellos hacen algo que el guion por sí solo jamás habría logrado: convertir una serie bastante mala en una serie que recuerdo con muchísimo cariño.

A veces el talento consiste en hacer una gran serie. Y otras veces consiste en coger una serie regulera, echarte la química a la espalda y arrastrarla durante diez episodios hasta conseguir que alguien como yo termine poniéndole un 9,5.

Tay y New: 9,5.

A Dog and a Plane: que no pregunte demasiado.
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